Por Fernando González

Twitter: @DePapelyTinta

 

Desde que tengo memoria todo se ha tratado de amor. Siempre.

 

Que si el amor hacia los padres, que si el amor hacia los hermanos; de los amigos, de las mascotas. Y está el otro. Ya todos sabemos cuál.

 

Cuando era pequeño, crecí en un mundo donde veía cómo los adultos manejaban eso del amor tan apaciguados, tan quitados del miedo, con tanto control y tanta facilidad, que me atrevía a compararlo con lo sencillo que era conectar cuadrangulares en mi videojuego de béisbol (siempre tuve talento nato con esos aparatos), recuerdo que pensaba “caray, yo quiero uno de esos amores”. Conforme crecía, también crecía mi determinación por buscar ese dichoso y anhelado amor como el de los adultos. Al principio, uno se avienta como venadito recién nacido aprendiendo a caminar: torpe, sin conciencia de lo que pudiera toparse y creyéndose invencible.

 

Durante el transcurso de mi vida (corta, muy corta), me he llenado de historias de amor platicadas a través de la tinta, y de otras tantas contadas desde los adentros de melancolías y alborozos (casi nunca juntos dentro del mismo relato) disfrazados de seres de carne y hueso jugando a ser personas.

 

He escuchado y atestiguado tantas historias, que tuve que buscar un escape para vaciarme tantito el pecho de ellas, y entonces dejar un espacio para las propias. Y eso es lo que vine a escribir.

 

Sobre amores consumados; de verano; de centro comercial (esos que solo ves una vez, pero lo sientes tan profundo que entregarías tu eternidad por ellos sin reparo); de adolescencia; más fríos y tristes que el puto invierno; carnales; inconclusos, y de tantos más como el cuerpo y la tinta me aguanten.

 

Me llamo Fernando, fumo en ayunas, bebo whisky y conozco un montón de historias que, desde que tengo memoria, todas se tratan de amor. Por cierto, sigo en la búsqueda de mi amor de adultos y lo único que puedo decir es que los cuadrangulares del videojuego se convirtieron en pruebas de matemáticas. Y no, no soy bueno con los números.

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