Por Mayra Carrera
Twitter: @Advanita

No sé por qué esta ciudad me parece tan amarilla; es como si tuviera un filtro infinito porque aún de noche me parece que todo está amarillo. Las piedras de las calles brillan tu ausencia. Te busqué como suelo buscar siempre esas cosas que yo misma dejo, que alejo o que abandono.

 

No quise abandonarte, simplemente huí de ti, de toda la perfección que encerrabas entre tu cuerpo y tu alma, entre tu desfogada sonrisa y tu escasa tristeza. No quise dejarte en esta ciudad la cual ni tú ni yo entendimos, pero que nos dio todo aquello que necesitábamos.

No quise abandonarte, quise dejarte ser libre.

 

Y es que mi cuerpo se había convertido en una jaula que encerraba el tuyo tan del viento. Y es que tus ojos se hundían en los míos tan abismales y tu boca de mar se fundía con la mía tan de océano que no quise arrastrarte hacia mi tempestad.

 

No quise dejarte, quise dejarte ser…

 

De ella, del aire, de la brisa, del rocío. De ese rocío que se posaba por las mañanas encima de las flores despacio, como acariciándolas. Como nuestras mañanas de caricias suaves, sonrisas largas y silencios cortos.

 

Ayer te busqué en la plaza donde solíamos dar de comer a las palomas y, al no encontrarte, les pregunté si acaso habían visto tus manos largas y blancas posar migajas de pan sobre el adoquín carmesí; se echaron a volar así como yo aquél día que te dejé sin mirar atrás y, aunque no dije nada, te dejé mi vida entera en esa taza de café que te serví por última vez.

 

Amberes está mas amarilla sin ti. Las calles aprisionan tu esencia y yo salgo a envolverme en ellas para recordar las escenas de nuestras caminatas donde me contabas de tu enemiga la primavera que te hace estornudar hasta el alma. Cuando me abrazabas con el corazón.

No quise alejarte, ni dejarte, ni abandonarte. Y aunque te busco, espero no encontrarte.

Espero que estés en un lugar más colorido que este. Te busqué en el bazar de Amberes, entre acetatos y sillas viejas, entre el ruido y el silencio, y comprendí sin que lo sepas, que tú eras el que le daba color a esta ciudad, el que hacía florecer mi cuerpo tu árbol.

Tú eres manantial y yo sed insaciable.

 

Amberes no es lo mismo sin ti, pero no vuelvas. Eres como la paleta de un pintor: sé que estás dándole colorido a otra ciudad.

Y es que no quise abandonarte, quise dejar que vivieras.

 

Que vivieras sin mí porque conmigo acabarías por ser barco hundido a causa de mi tempestad.

 

Amberes te vio florecer un día en medio de sus calles estrechas, el bazar desbordar tu sonrisa y la plaza regocijarse con tu iluminada presencia.

 

Y las palomas esperan tu mano llena de pan, y yo, como ellas, espero que me alimentes de tu cuerpo un día, pero es mejor que no regreses.

No vuelvas a Amberes, déjala así, amarilla, déjame así, en sepia: como muerta en vida.

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