Por Bibiana Faulkner

 

Lujuria, según la RAE en línea, es definida como el “vicio consistente en el uso ilícito o en el apetito desordenado de los deleites carnales” y, personalmente pienso, que siendo el pecado capital que mejor fonética tiene en inglés, se hablará más de sobre él, todo por gluttony to lust, y porque quiero, pues cómo no.

Entonces el día de hoy llego con una aburrida, pero tal vez necesaria petición para la práctica de fidelidad (como convencionalismo social, por supuesto): le pido a los hackers de todo el mundo que eliminen cada uno de los hermosos cuerpos que abundan en la red, pues practicar la monogamia en tales circunstancias y tantos bombardeos virtuales me resulta un completo acto de valentía y fe cuando se supone no debe costar trabajo, al menos no tanto. Como si acostarse con una sola persona habitualmente fuera cosa fácil.

Ir navegando en la red es algo así como traer un título de “fornicator” en el pecho y en la frente. No cabe duda que de esta manera se promete una alusión a la película “La letra escarlata”, donde por cierto, Demi Moore se aprecia algo más que seductora.

He pensado estos días que para muchos mojigatos ansiosos por combatir el abuso del pecado en el mundo virtual, se debe comenzar a trabajar en un libro que restrinja la lujuria y aparte sea ilustrado con mujeres sin tetas y hombres con un falo indeseable donde también la enseñanza principal sea pegar un grito hasta el cielo condenando los excesos en el comportamiento porque se traducen en los siete pecados capitales.

¿Qué me dicen del tan concurrido Facebook? Vayan ustedes a creer que el puberto de mi vecino le dijo al sacerdote de la colonia, en una de sus confesiones, que se había “encamado” con su sobrina porque en Facebook se unió a un grupo que decía “La mejor manera de terminar con una tentación es caer en ella” (de antemano pido una disculpa al maestro Wilde por tremenda irreverencia a sus letras). “Perdónalo, Señor, pues no sabe lo que hace”, dijo el sacerdote al puberto lo mismo que yo digo a Wilde cada que me encuentro con semejantes aberraciones en la red.

Quién diría que navegar en la red haría al mismísimo Dante Alighieri pensar en sexo virtual como tapiz de las cortinas del infierno.

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