Por Miguel M. Guzmán C. 
Twitter: @Mars_Galaxy

 

Hoy es de esas tardes lluviosas en que no queda mas que escribir para que no pese nada, para sentirme liviano y perder las ganas de aferrarme.

No recuerdo cuántas veces  me quedaba observando las gotas impregnar mi ventana, ni las veces en que he reproducido las mismas canciones en mi itunes acordes a la misma; es como una especie de ritual previo a la llegada de la nostalgia, a esas marejadas de memorias que te arrastran y hunden en tiempos recónditos que ahora son inexistentes.

Mi laptop, mi ipod y un viejo cuaderno de la secundaria han atestiguado esos impactos inesperados y, a su vez, han sido víctimas de los mismos. Sería insensato al decirles que no llevo muchas cicatrices en los ojos, que en más de una ocasión no he muerto, que soy tan inocente como aparento; y podría seguir, porque si en algo tengo experiencia es en vivir. No sé si tanta como ustedes, pero la justa para ser el que soy ahora.

Las experiencias, en más de una ocasión, nos rompen, reconstruyen, descosen y remendan; nos afilan y alistan para combatir cualquier adversidad. Todas las vivencias tienen el propósito de encaminarnos a la mejora constante aunque aparenten lo opuesto. Sé que no digo nada nuevo, pero la verdad es que las lecciones que da la vida para todos son casi las mismas; la diferencia son las pruebas que nos corresponden y el grado de dificultad indicado para lo que necesitamos aprender.

Una de las cosas que le agradezco a la lluvia es esa facilidad con la que se lleva cada una de las penas que llevo a rastras; a esos recuerdos viciados que ya no son lo que fueron, a esos sentires oxidados que amenazan con romperme, a esas palabras a las que me aferro por miedo de olvidar y crecer. La nostalgia llega a depurarnos, a apreciar esos pequeños momentos que nos hicieron tan grandes, a mantener vivos a los que nunca debieron morir y a despedirnos de los que nos hubiese gustado hacerlo, ya sea en fotos, cartas, libros, videos; a todos les llega el momento de sanar, de dejar atrás lo que ya no debe volver.

Creo que ha dejado de llover, es momento de dejar de escribir.

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