Por: Frinee Acosta
Twitter: @kchorraimperial

 

 

Siempre me he sentido más cómoda entre hombres. Será culpa de la crianza que me dieron mis 3 tíos y mi abuelo. Hermosa niña con carácter de cabrón de barrio.

Amo su simpleza. No son tan complicados como nosotras las mujeres. Son seres pragmáticos, con pensamientos unilaterales y direccionados. Nosotras sufrimos del terrible mal del “multitasking”, pensamos mil cosas al mismo tiempo, nos estorban las emociones (culeras hormonas) y sobre analizamos todo (la famosa chaqueta mental, ese mal diabólico del siglo XXI).

Los hombres son criaturas que solucionan el conflicto a golpes y con una cerveza. Las mujeres tratamos la forma más “diplomática”, esa en donde hablamos mal de la otra morra con quien tenemos el problema, donde empezamos una bola de nieve interminable de chismes, miradas y malvibrosidades sin sentido. “Pinches viejas liosas”, diría mi padre. 

Los hombres son directos: tienen un problema, te lo dicen; no tienen problema: les vales 4kg de verga. Las mujeres somos confusas: tenemos un problema, somos hipócritas; no tenemos un problema: somos más hipócritas.

Los hombres toman cerveza y hablan de deportes, de viejas, pedas y trabajo. Las mujeres toman café y hablan de amores fatales, de amores pasajeros, de amores intermitentes, de amores inexistentes, de otras viejas, de trabajo y de otros amores inclasificables. Valen verga.

Los hombres están listos en 20 min (y hombre que no esté listo en 20 min es vieja o un potencial amigo gay); nosotras estamos listas en una hora, dependiendo del evento y la calidad de la producción para al final quedar insatisfecha por no parecer modelo de Victoria Secret’s (mujer que esté lista en menos, tiene pene).

Los hombres son sencillos, si dicen no, es no. Las mujeres somos misteriosas, si decimos no, es con la posibilidad de cambiar a un sí o a un “échale ganas y en una de esas me convences”.

Si hoy tengo que decirlo: las mujeres somos complicadas, misteriosas, liosas y en sí, unos seres sumamente difíciles de entender. Nunca entiendan a una mujer, ni nosotras nos entendemos.

Mi amor a la simpleza masculina es enorme, creo que por eso jamás podría ser lesbiana, tener una relación sentimental con una morra igual o más loca que yo, jamás. (Aplausos de pie a mis amigas las homosexuales).

Por eso me siento más cómoda entre hombres, siempre lo he estado y espero siempre seguir estándolo. Son muchas de estás cotidianas cosas por las que prefiero rodearme de puro macho alfa y he descubierto mientras escribo, que mis amigas, en su gran mayoría son mujeres de carácter fuerte, decididas y muy poco estereotipadas en el cliché social del rol que debería de tener toda dama. Mujeres que erróneamente somos tachadas de “actuar como hombres”: ERROR (pero eso lo detallo en otro texto, otro día que no me dedique a amar, literariamente, a los hombres).

La cosa es simple, como ellos, nosotras damiselas del nuevo siglo debemos aprender más de ellos y así nos complicaremos menos la vida. Hombres: no se la crean tanto, son chidos pero también medio pendejos y tampoco tan fáciles de comprender.

Simplifiquemos la vida, tanto hombres como mujeres tenemos muchos problemas con el día a día como para seguir preocupándonos por un pinche problema por no entendernos y asumir cosas que la otra parte piensa, o creemos que piensa. Hueva las chaquetas mentales.

Siempre me he sentido más cómoda entre hombres. Será culpa de no querer ser el estereotipo de dama de sociedad, de mi gusto por la cerveza, el whisky, ver deportes o simplemente mis ganas de no ser la damisela en apuros de Disney. No lo sé, solo sé que a veces quisiera saber qué se siente tener un huevo y rascarlo.

Siempre me he sentido más cómoda entre hombres. Siempre he amado a mis hombres…

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