Por: Citlalli Toledo

Twitter: @Citalli_Toledo

 

Y entonces le pedí al mesero una copa de nada, esa deliciosa combinación de sabores, un tanto agridulce que, cuando ingieres, te produce distintas sensaciones, así como la vida misma con todas las experiencias que nos ofrece con un sabor distinto cada una, o como cuando alguien ingresa a tu vida y es capaz de sacar lo mejor o peor de ti.

Intentaba ser paciente, no caer en provocaciones, escuchar sin decir nada, permitir que se expresaran sin interrupciones de mi parte; yo esperaba lo mismo de ellos y no fue así, al contrario, conversaciones que después se convertirían en discusiones a las que no se les veía un final agradable, como dicen, “palabras sacan palabras”, entonces decidí callar, comencé a escribir todo, a cambiar los insultos por palabras que, aunque seguían siendo ofensivas, se leían más pacíficas, y claro, con un pequeño toque de sarcasmo… una historia matizada.

 

Tenía 6 años cuando me regalaron un diario en el cual yo relataba día a día todas mis actividades. Recuerdo que siempre le preguntaba a mi padre cómo se escribía tal o cual palabra, si llevaba acento y en qué letra.

 

Años más tarde ya no necesité de un diario, cualquier libreta o papel me eran suficientes para relatar lo que vivía, sentía y deseaba. Todo siempre iba (y actualmente va) acompañado de frases de alguna canción, porque sí, disfruto de leer y escribir, pero otra de mis pasiones es la música.

 

Aún guardo varias cartas que amigos y viejos “amores” me hicieron llegar, cuales tuvieron como respuesta un sinfín de cartas no entregadas, todo por temor a que no entendieran la forma en la que me expresaba; ellos eran muy cálidos conmigo, copiaban poemas, hacían dibujos; yo simplemente escribía lo que sentía, tal cual, sin dibujos, sin palabras de más, diciendo un “te quiero” cuando lo sentía e intentando no dañar a nadie por no escribirlo, por no sentirlo.

 

           Desde entonces me refugio en la escritura, mi mejor aliada, plasmo mis historias, nuestras historias (cuando hay alguien más a mi lado) y las de algunas personas que me rodean; expreso lo que siento, lo que observo, escucho y sueño.

 

       Escribo para recordar cada historia vivida, señalar a los protagonistas y extras de las mismas, para tener presente que existimos y existieron, dándole un final distinto a cada capítulo, o terminando los que ni siquiera tendrían que haber comenzado.

 

Escribir como otra manera de vivir y dar vida, de conocer, conocerme, conocernos, de romper utopías, de alimentar y desnudar el alma, de intentar reconstruir un corazón cuando lo han hecho pedazos, de creer que se puede vivir de amores y desamores, y de conservar lo mejor de cada experiencia.

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