Por Alicia Alejandra

Twitter: @Alisless

 

 

Han sido semanas de bastantes cambios. Tal vez algunos inesperados pero indudablemente llegaron de mis mejores deseos.

 

Sé que cuando confío plenamente en mi soy capaz de mirar mejor y de afrontar todo lo que tengo por decidir; soy consciente de que mi destino esta solamente en mis manos y que todos mis propósitos están a mi alcance.

 

Tal vez los deseos de Año Nuevo nos inquietan esa noche, pero realmente por más tiempo que dejemos pasar, absolutamente todas las cosas que necesitamos priorizar y que podemos cumplir tenemos que lograrlas en un corto tiempo.

 

La confianza que tengo en mí me da la certeza de que cualquiera que sea el resultado de mis acciones, podré con ellas y no me derrumbaré si no salen como espero y podré brincar de alegría si suceden como las quiero. Confieso que a veces siento pereza, otra veces fastidio, a veces no me canso de procrastinar y sé que está mal y tal vez se sale de mis manos, pero no abandono lo que deseo; puedo afrontar y poner dedos en el renglón de todo lo que me propongo hacer en la vida.

 

Esos momentos de lucha son cuando me encuentro perfectamente con mi álter ego, esa que no se deja vencer ante cualquier circunstancia.

 

Otra cosa es confiar en los demás; para ello debo tener más cuidado y eso no significa desconfiar en todos hasta poder creer; el precio de la desconfianza es muy alto si lo que quiero es no ser lastimada, ya que las posibilidades pueden suceder, pero también aprender de una persona independientemente de quién sea, es interesante. Tener cuidado es no condenarme a vivir con fantasmas aunque a mi paso me encuentre con malas intenciones (que definitivamente las hay), sin embargo, en tu forma de pensar y ver pasar la vida vas dándote cuenta de que no importan las malas vibras que te persigan porque está en ti el cómo recibes las opiniones de gente cuya vida suma cero en la tuya.

 

He tenido y sé que tendré que curarme las heridas de vez en cuando, pero a cambio de todo lo que pueda pasar, me transformaré en una persona que vive y no en alguien que mira cómo pasa la vida. Convertirme en una persona sincera y, sobre todo, en una persona en quien puede confiarse porque día a día se entrega corriendo el riesgo de caerse.

 

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