Por Regina Mitre

Twitter: @ReginaaFalange

 
“Una Historia no escrita por mí que me provoca un no sé qué-que-qué-sé-yo…”

Esta es la historia de una chica. Bien, esta chica era como muchas chicas. Ella tenía un padre que no solo no la entendía para nada, si no que ni siquiera lo intentaba. Era como si él fuera el único ser humano en la casa y todos le pertenecieran. Y la chica no se suponía que debía pensar las cosas que ella pensaba o sentirse de la manera que se sentía.
 
Se supone que no debo decirte estas cosas.
 
Y luego la chica empezó a crecer y tuvo una racha de malas relaciones donde ella tendría su confianza realmente engañada y se empezaría a sentir dominada de nuevo. Verán, al haber sido lastimada por su padre, ella no quería lastimar a nadie más e intentó muy duro recordar que ella no era el centro del universo, pero luego se daría cuenta que la otra persona no sentía lo mismo, que no la reconocía.

Estás pensando que esto se trata de mí.
 
La chica se fue cuesta abajo: “Ya no los amo, estoy siendo entrenada a no amar a nadie”, dijo. Ella empezó a hablar acerca de lo que significaba el verdadero amor y cómo no había alguien en todo el planeta que fuera capaz de amarla, estaba decidida a pensar seriamente ciertas cosas y a cambiar el rumbo de su vida. “Maldita sea”, dijo, y pegó su pie contra el suelo.
 
Estoy intentando muy duro ser agradable.

Luego ella conoció a un chico (el anti héroe), que tenía unos hermosos ojos tristes y parecía como un pequeño niño abusado y perdido. Él le dijo: “Yo soy salvaje como tú, entiendo lo que te ha pasado. Yo te amaré”.
 
¿Cómo se llamaba?
 
Pero, verás, el chico no era capaz de entenderla porque ni siquiera la podía escuchar. Tenía toneladas de cera amarilla construidas en sus oídos. Sólo entendía ciertas frases, mismas que él repetía para hacerla pensar que sí escuchaba.

Por favor finge que soy el rey.

La chica empezó a hablar: “Yo no puedo amarte porque eres enfermo igual que mi padre. Tu amor está pervertido y lleno de intenciones para adentrarse a mí, a un lugar donde siempre tendrás una injusta ventaja”.
 
Consúmela.

Verás, el chico tenía una tremenda enfermedad que empezó como algo pequeño. La enfermedad lo hacía tener que controlar todo. Él decía que entendía, pero no era cierto. Él tenía que saber para sentirse a salvo, él tenía que saberlo todo por adelantado: saber las cosas antes que sucedieran.
 
Hay algo que me pasa.
 
La chica empezó a fantasear: Algún día el chico entrará a mi cuarto, recostará su cabeza en mi regazo y me dirá “tengo miedo”. Entonces le golpearé la cabeza y le diré una y otra vez: “te prometo que no morirás esta noche”.
 
No soy buena conmigo misma.
 
En el fondo, el chico quería dominar a la chica y escalarla con su apetito. Esto porque él pensaba que sabía hacerlo perfectamente y nadie le había enseñado algo diferente. Él estaba seguro que todo estaría bien si sólo pudiera hacer que la chica fuera suya, realmente suya. Si sólo pudiera lograr que nada tuviera que ser cambiado… él estaría a salvo.
 
Por favor ayúdame.
 
“Te amaré y no repetiré algún patrón negativo de tu padre”, dijo él, “Seré lo contrario: te amaré, realmente te amaré como sólo una víctima de abuso sexual que perdona sabe amar. Despedazaré todo el interior de mis entrañas por ti y suavemente arrancaré pedazos de mi carne podrida y los oleré con mi nariz hasta que el hedor me queme los ojos. Me observarás gritar tu nombre con tremendo amor, chica”.
 
Estoy muy asustada pero no lo diré.
 
Las heridas se estaban comiendo al chico. Cicatrices sobre la piel y cicatrices sobre cicatrices. Si tan sólo pudiera limpiarlo todo, quizás él podría ver la herida original, si tan sólo pudiera controlarla a ella y lograr saber lo que ocurriría después. Si tan sólo pudiera convertir a la chica en algo limpio y simple que él pudiera entender.
 
Sé mía.

“Amor, he sido arrastrado por pedazos de vidrio y he tenido que joder y gritar, joder y gritar, joder y gritar una y otra vez por el dolor. He sido producto de violación, la cría de una bestialidad tremenda que estaba tan consumido por el pequeño tamaño de su pene que todo cuanto quería era hacer a los demás sentirse menos. Comprende, he sido quemado con colillas de cigarros y echado de casas.”
Ella dijo: “Sí”.
 
Te ves tan fácil que podría comerte.
 
El chico se estaba muriendo porque no sabía amar a nadie. Él sólo sabía acerca de ganar y perder. El tenía que mantenerse vivo. Él tenía que joder un cuerpo muerto para sentirse, en comparación, vivo.
 
El amor es algo esplendoroso.
 
La chica te ve a ti, el lector, y dice: “La mentira en el amor es roja y viva como los que te dicen que se ven tus adentros, sólo que tú nunca podrás verlos. ¿Qué pasaría si descubrieras que tus adentros no existen?”

Ella te mira directo a los ojos.
 
Tú crees en ellos de todas formas.
 
Tu amor me mantiene viva.
 
Él desea que la chica esté muerta.
 
Eres mi objeto amado.
 
“Yo creo, creo, creo que en realidad me amas”, dijo ella.
 
Todo lo que necesito es el aire que respiro y amarte.
 
A la chica ya no le importaba en realidad. “Te amo demasiado”, dijo él mientras se bajaba el cierre de los pantalones.
 
Nuestro amor nunca morirá.

“Ahora te mataré”, dijo él. “Te amo, te amo, te amo, te mataré. Y no dejaré ningún moretón, ninguna marca”, deslizó sus pantalones abajo: “Atravesaré tu corazón tanto que sufrirás y me suplicarás ser tu mejor amigo otra vez; te convertiré en una muñeca muerta”, la abrazó y la acercó a su estómago. “Oh, por favor, por favor, sé mía para siempre”.
Hasta que la muerte hizo su parte.
 
 Pero verás, yo no morí. Yo viví. 

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