Humberto Moreira Valdés: cinicazo
Con nostalgia por el poder, el ex presidente del PRI, abandona su madriguera
Con derechos intactos, amenaza con volver al poder público

Juan Monrreal López
24 de julio del 2002

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Saltillo, Coahuila.- Transcurrieron 7 meses exactos para que el endeudador de Coahuila, ex presidente nacional del PRI, cuasi prófugo de la vida pública, Humberto Moreira Valdés, reapareciera.

Con 210 días casi en la clandestinidad,- desde aquel 1 de diciembre del 2011, la fecha en que Enrique Peña Nieto, lo echó de la dirigencia priista, precisamente el  día que Rubén Moreira Valdez, recibió la gubernatura heredada-, Humberto Moreira, salió a votar el pasado 1 de julio.

Con la cara abotagada, con más kilos, acompañado por algunos beneficiarios del moreirato,-entre ellos Marco Flores Cuevas, promotor del regreso de Humberto Moreira a la política oficial y nieto del ex gobernador defenestrado Oscar Flores Tapia-, Moreira Valdés no abandonó por un momento el cinismo, el desparpajo y la chacota: sus sellos inconfundibles.

Los reporteros llegaron antes del mediodía a la casilla donde votaría “el profe”. Las jefaturas de información de los medios “amigos” fueron avisadas desde el día anterior; Humberto Moreira, saldría de su cubil, se presentaría a sufragar.

Así, poco después de las 12 del día, Moreira Valdés arribó a la casilla 997. Impune-como hasta ahora sigue en el esclarecimiento y castigo a los culpables de la ilegal deuda de 36 mil millones de pesos dejada por su gobierno-,  e insolente, desoyó las indicaciones de los funcionarios de casilla; él se escucha y se habla solo, eso le basta.

Como en los tiempos en que detentaba casi todo el poder estatal, Humberto Moreira guasea; cruza las boletas de votación y las muestra a la prensa. Las advertencias de los comisionados electorales de no exponer las papeletas  se pierden en el viento. Tampoco lo reconvienen cuando la pequeña parvada de reporteros captura con las cámaras el cruce del recuadro del PRI, qué jactancioso blande a diestra y siniestra para ser fotografiado.

Con desenfado y gracejadas, el ex gobernador intenta envolverse con la bandera de llevar la vida de  ciudadano común, pero no lo es.

Él manejó más de 200 mil millones pesos de presupuesto en su sexenio. Pagó “legalmente” a los medios coahuilenses y nacionales cerca de 3 mil 500 millones de pesos en propaganda que lo alababa. Dejó una deuda ilegal de 36 mil millones de pesos, quizá pagadera en 20 años,- con las  ineluctables consecuencias  en la vida de las personas e infraestructura estatal-, y alardea que la Procuraduría General de la República (PGR) no tiene ninguna averiguación en contra suya, simplemente porque no tiene elementos para hacerla. En tanto, una señora de la masa que robó medio kilo de carne para que comieran sus hijos, fue condenada a 13 años de prisión, por “robo con fuerza en las cosas”.

Nunca me fui (de Saltillo), no se cansa de repetir, mientras Marco Flores Cuevas, ilegalmente se coloca al lado de las mamparas de votación,  a la vez que Moreira Valdés delega responsabilidades para que atiendan a “sus compadres”, aparecidos por arte de magia en la casilla.

En 210 días no se conoció casi nada de Humberto Moreira, a excepción de las confesiones de Rubén Moreira Valdez, su hermano y heredero de la gubernatura de Coahuila, quien ante los rumores de confrontación con Humberto, declaró que con el ex gobernador se lleva bien, que se lo había encontrado recientemente en un restaurante.

Humberto Moreira Valdés, no cambia el script de  los políticos en desgracia.

Agradece, no se sabe a quién,  porque dice, “nunca he tenido la oportunidad de convivir con mi familia como ahora”.
Luego parlotea que fue objeto de traiciones, pero que ha aprendido a perdonar. Humberto no acepta ser responsable del macro robo a Coahuila, convertido en deuda por más de 36 mil millones de pesos.

En ningún momento se acuerda que la Constitución de Coahuila, en su Título IV, Capítulos I, II, III y IV, lo convirtieron en responsable de los bienes del Estado. Dichos apartados de la Constitución, lo obligan a comparecer en el Congreso para aclarar el endeudamiento.  Además con estos preceptos constitucionales, Humberto Moreira es sujeto de juicio político, al margen de la investigación penal.

En esto, el ex gobernador es amnésico.

De Javier Villarreal, ex secretario del SATEC, no quiere hablar.

Se defiende con feligresías fantasmas.  Asevera que aquellos que creyeron en él, tienen razón y se enconcha en la perorata que fue traicionado, pese a que el Congreso del estado legalizó el paquete del endeudamiento sin fundamento legal; los diputados priista y sus partidos satélites, sólo con el  mayoriteo, echaron sobre las arcas de Coahuila, obligaciones del empréstito por más de 20 años, con el consecuente deterioro de las inversiones a la obra pública, seguridad, salud e infraestructura.

Con guasas, evita hablar del ex secretario del SATEC. Dice que a él no le toca investigar porque es “profe”, pero insiste en las traiciones sin dar nombres.

De la relación con Rubén Moreira Valdez (con z, pues según dijo Rubén, el Valdez de él, es con z, lo que jurídicamente no lo hace hermano de Humberto), se concreta a decir que la relación está bien, que “hay una buena relación, es mi hermano, somos hijos del mismo padre y la misma madre”.

Al “profe” se le olvida la historia de la Biblia – libro que tanto cita-, Caín, era hermano de Abel.
Con nostalgia por los días en que concentraba el poder estatal, habla que semana a semana se da vueltas por “sus obras”, que sólo espera el momento para regresar a ser lo que no ha sido en la administración pública: diputado federal, diputado local, regidor, síndico e incluso repetir en la alcaldía de Saltillo; desoyendo el repudio con el que es visto en Coahuila, desprecio  que juzga como linchamiento de fin de sexenio.

Así se presentó Humberto Moreira Valdés el 1 de julio a la casilla 997, después de permanecer en su madriguera 210 días escondido, con la cara abotagada y más kilos; con la soberbia a flor de piel disfrazada con citas bíblicas, chacota, autocompasivo, nostalgia por el poder, asumiendo la auto conmiseración de ser cualquier ciudadano pero deseoso de ejercer otra vez poder, mientras a consecuencia de su mandato, se cancelan programas e inversiones, como corolario de la ilegal deuda de 36 mil millones de pesos heredada a los coahuilenses al menos por los próximos 20 años.

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