Por Yovana Alamilla

Twitter: @yovainila

 

 

Quizá soy cobarde al pensar que todo pasa siempre por algo, por deslindarme de una responsabilidad tan grande como son las acciones que causan las consecuencias que día a día, después de ti, estoy viviendo, y dejárselas a Dios, al destino, a la vida, a quién sí sepa por qué pasan las cosas… porque yo no.

 

Quizá soy mediocre al pensar que estuvo bien y que no es que me conforme con tan poco, sino que no necesito tanto para ser feliz.

 

Quizá soy muy cobarde y muy mediocre por dejarte ir, por no aferrarme lo suficientemente fuerte a ti, a los dos, por no lograr que todo lo que hacía que la sangre nos hirviera por las venas se mantuviera y nos durara, por lo menos, para siempre.

 

O quizá solo sea que nos guste o no y nos cueste las lágrimas que nos cueste, al final pasa que no todo lo que nos hace felices es para siempre; que nosotros, que el estar juntos, tan cerca que podía sentir tu corazón latiendo a la par del mío, fuese tan perfecto que, ahí mismo, en esa perfección, tuviera tatuada la marca de lo efímero.

 

Quizá soy egoísta por maldecir en silencio ahogando los reclamos con las lágrimas y las lágrimas con los reclamos y olvidarme de ti, olvidar que para ti tampoco es fácil, que al término de todo, tú te quedas con la peor parte: la de estar consciente de la realidad, una realidad que entiendes mejor que yo y de la que tú me has permitido escapar justo porque la entiendes.

 

Pero quizá no sea cobarde, mediocre o egoísta; quizá solo sea yo en una versión cansada de prender del borde de una esperanza casi marchita, teniendo los pies al borde del vacío y estando diariamente en una lucha interna entre la fe y la incredulidad; una versión de mí en la que por fin entendí que no tuvo que ser eterno para poder admitir que disfruté cada segundo de tu presencia y de tu cercanía, de la magia que hacían tus labios y tus manos para aceptar que fui feliz, tan feliz.

 

Quizá solo soy yo aceptando que hay batallas que se pierden desde antes de que nos dejen lucharlas; entendiendo por fin dónde comienzan los finales y que es de ahí mismo donde inicia la continuidad de esto a lo que sin saber, le llamamos vida. 

 

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