Por Camilo Villanueva

Twitter: @LetraSilenciosa

 

 

Todos tenemos una anécdota que relatar, independientemente de lo feliz o triste que te haya hecho aquel momento; son cicatrices que te enseñaron a levantarte cuando caíste y hacerte fuerte cuando más débil te sentías.

Siempre he sido de las personas que prefiere mostrarse tal cual es, sin tantas máscaras que embellezcan lo que puede aprovecharse; y como todos: siempre busco la mejor forma de presentarme.

La lectura ha hecho parte de mi vida desde que tengo memoria. Solía participar en los concursos literarios de mi escuela primaria por dos motivos: 1. Tenía un motivo más para leer. 2. Podía, junto con mi equipo, ganar; dar méritos al nombre de mi escuela y obtener como premio un juguete literario nuevo. Y así crecía, entre citas de grandes autores que prefería llamar “superhéroes”.

Siempre me conformaba con empezar una historia, adueñarme de ella y acabarla con el deseo de empezar una mejor; cada vez me enriquecía más de una de las formas de volar quizás más hermosas del mundo. Pero después, a pesar de lo mucho que disfrutas algo, empiezas a entender que todos buscan la mejor forma de dar a conocer su introspección: algunos escogen la música, otros el dibujo; están los que disfrutan la danza y están los que prefieren escribir.

Tal vez mi impulso más grande fue mi mejor amiga que solía escribir textos hermosos que disfrutaba; a veces cerraba los ojos y escuchaba su voz tarareando sus mismas letras; entendía que ella también era una superhéroe, la diferencia era que no usaba capa ni editorial, ella prefería ser su versión álter ego.

Con el pasar del tiempo, las experiencias vividas eran mayores, más intensas cada vez; entonces, escribía dos o tres textos por día, quizás más, todo dependía de la velocidad de mi corazón en aquella última semana. Y no encontré mejor forma de guardar mis recuerdos que en una caja llena de letras con alas, que a pesar de estar ‘’encerradas’’, volaban, y que prefiero guardar para que no escaparan. Para tenerlas ahí y revivirlas de vez en cuando. Entendí que no hay mejor forma de derrumbar una tristeza que escribiendo en su espalda, tampoco mejor forma de disfrutar la soledad que mirarla a los ojos y abrazarla. Pero nunca dejé de un lado missuperhéroes, al contrario, me servían de molde para encontrarme a mí mismo.

Al abrir la caja podrán encontrar muchos momentos felices y tristes; despedidas y bienvenidas; pero que siempre me harán recordar un evento importante de mi vida.

Hace un año sufrí una de las pérdidas más grandes de mi vida; el tiempo me hizo soltar la mano de la segunda mujer que me vio crecer y no es fácil, nunca ha sido fácil para mí decir “adiós”. Así que si la ven en forma de metáfora en uno de mis textos, no olviden decirle que la extraño, pienso y amo cada día de mi vida.

Escribo para soltar peso, a veces para encontrarme y otras para perderme; nunca falta el día que quiero alejarme de todo y escribir porque de eso se trata todo esto de las letras: sentir, siempre sentir. Y un día, cuando crees que has aprendido lo suficiente, entiendes que la vida pasa frente a ti y, de la mano, se lleva las personas, los momentos, el tiempo, las lágrimas, las sonrisas, las canciones, las historias, los lugares, fotografías, dibujos, poesías, letras y todo lo que alguna vez ocupó una esquina en tu casa, todo lo que en algún momento te hizo feliz. Pero tú decides seguir con ella o desvanecer con el resto de cosas que también, una vez, tuvieron miedo de expresarse.

 

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